OMPRESS-MADRID (7-06-21) En febrero tenía lugar en la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen, en Mieres, Asturias, el envío a la misión de Alfonso Pombo, con destino a un proyecto misionero coordinado por la asociación OCASHA-Cristianos con el sur, en Honduras. Alfonso partió y ahora escribe a la Delegación de Misiones de Oviedo contando sus primeros pasos en la misión:

“Ya han pasado tres meses desde que llegué a Honduras y el tiempo parece que vuela. Han sido tres meses intensos en los que me he ido adaptando a la realidad tan dura de este país y al trabajo diario en la casa Populorum Progressio con las chicas. A pesar de que el proceso de adaptación todavía me llevará un tiempo, la dinámica de la casa exige ponerse al día rápido con los proyectos y actividades cotidianas.

Una de estas actividades es la preparación de las jóvenes para el examen de ingreso a la universidad. Desde que llegué, he intentado ayudarlas en la prueba de matemáticas. Hace un mes hicieron el examen y, cinco de las seis jóvenes que se presentaron, pasaron la prueba. Estamos muy contentos porque es una oportunidad única que tienen para poder continuar con sus estudios en alguna de las residencias que la organización ACOES tiene en Tegucigalpa. Desgraciadamente, en las zonas rurales de Honduras, y muchos otros países, estudiar no resulta nada fácil. A la carencia de infraestructuras y la baja formación del profesorado, se junta la escasa conciencia que hay por parte de las familias de la importancia de la educación para sus hijos. Cuando terminan sexto grado (formación básica), muchos alumnos de las aldeas, tienen que desplazarse a centros escolares situados en pueblos más grandes. Es entonces cuando empiezan las mayores dificultades. Muchos jóvenes, bien por falta de recursos económicos o porque tienen que trabajar en el campo para ayudar a su familia, abandonan los estudios de manera temprana.

Si ya la situación es grave de por sí, para las niñas es todavía más preocupante. En una sociedad fuertemente machista, la mujer ocupa un lugar de subordinación respecto al hombre. Muchas niñas, cuando terminan la formación básica, se quedan en su casa para ayudar a sus madres en los quehaceres domésticos. A esto, se añade el alto número de embarazos en adolescentes, con el consiguiente perjuicio para el proceso educativo de la joven. Desde la residencia, no solo apoyamos a las niñas en sus tareas escolares. También intentamos desarrollar en ellas habilidades y estrategias que por vivir en una sociedad tan machista, no tienen adquiridas. La toma de iniciativa, la asunción de responsabilidades en los diferentes proyectos que se llevan desde la casa, la resolución de problemas o cosas tan sencillas como agarrar un teléfono para hablar con un profesor, se trabajan con ellas.

Otro aspecto fundamental es la faceta espiritual. Todos los días tenemos laudes y vísperas y una vez a la semana realizamos la lectio divina con la lectura del evangelio del domingo. Se pretende que las niñas descubran la riqueza de la Palabra De Dios en sus vidas y la lleven a la práctica, especialmente en lo que se refiere a su compromiso con la justicia y la ayuda a los más necesitados. El objetivo final es que las jóvenes sean protagonistas de su propia vida, que nadie tome decisiones por ellas y que lleguen a ser ciudadanas que colaboren en el desarrollo económico y social de Honduras.

Desde Copán, os mando un abrazo fraterno. Unidos en la misión, Alfonso.