OMPRESS-EL SALVADOR (24-01-22) Este sábado han sido beatificados en San Salvador cuatro “mártires de la fe”, el jesuita Rutilio Grande y dos compañeros laicos, además del misionero franciscano italiano Cosme Spessotto. Los cuatro nuevos beatos fueron asesinados en 1977, los tres primeros y en 1980 el último, por su defensa de los más pobres.

La celebración fue presidida por el cardenal Gregorio Rosa Chávez, Obispo Auxiliar de San Salvador, en representación del Papa Francisco, y reunió a 6.000 personas, que la Plaza Divino Salvador del Mundo, de la capital salvadoreña. Además de representantes de las Iglesias de toda Centroamérica había también muchos feligreses de las comunidades donde ejercieron su ministerio los dos sacerdotes.

El cardenal Rosa en su homilía mencionó a Rutilio Grande, como “quien encabezó la lista de nuestros mártires. Le siguieron veinte sacerdotes, tres religiosas y una misionera estadounidenses y cientos de mártires anónimos”. Los dos laicos, Manuel Solórzano y Nelson Rutilio, representan, decía el cardenal, a “esa inmensa multitud que nadie podía contar”. Son víctimas de una época de guerra civil que azotó El Salvador y que causó 75.000 muertos. “Ese número simbólico”, añadió, “que hemos llorado a lo largo de la lucha fratricida que nos desangró durante doce años y que terminó felizmente cuando las partes enfrentadas firmaron los Acuerdos de Paz”.

El Papa Francisco los recordaba ayer en el ángelus: “mártires de la fe. Ellos estuvieron al lado de los pobres testimoniando el Evangelio, la verdad y la justicia hasta la efusión de la sangre. Su heroico ejemplo suscite en todos el deseo de ser valientes trabajadores de fraternidad y de paz”.

El jesuita Rutilio Grande y sus dos compañeros laicos, el anciano Manuel Solorzano (72 años) y el joven Nelson Rutilio Lemus (16 años) fueron tiroteados el 12 de marzo de 1977 por los paramilitares “Escuadrones de la muerte”. El cuarto mártir, el misionero franciscano de origen italiano Cosme Spessotto, fue asesinado a tiros el 14 de junio de 1980 mientras oraba antes de celebrar la eucaristía. Antes de su asesinato Fray Spessotto escribió en su testamento espiritual: “Morir como mártir sería una gracia que no merezco”.

Fue el destino también de San Óscar Romero, arzobispo de San Salvador y amigo de Rutilio Grande, asesinado mientras celebraba la Eucaristía el 24 de marzo de 1980. Precisamente a finales de 2015, uno de los biógrafos del padre Rutilio, el jesuita Rodolfo Cardenal, tuvo un encuentro con el Papa Francisco, para agradecerle la beatificación de Mons. Romero, que había tenido lugar entonces. Se presentó como el biógrafo del padre Rutilio Grande, y recopilador de materiales para el proceso de su beatificación. En el breve y cercano encuentro, el Papa le preguntó si sabía de algún milagro obrado por el padre Grande. Ante la respuesta negativa del padre Rodolfo, el papa Francisco afirmó que sí que había un milagro: Monseñor Romero. “Esperamos que la causa de beatificación de nuestro hermano Rutilio avance con diligencia y el próximo año podamos contar con un beato más en El Salvador”. El deseo del Papa Francisco se hizo realidad este sábado, no con un beato, sino con cuatro.