OMPRESS-VENEZUELA (16-06-21) Mañana se celebrará en Canadá la II Conferencia Internacional de Donantes en Solidaridad con los Refugiados y Migrantes Venezolanos, en colaboración con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Los números son desgarradores y hablan, por la cantidad de afectados, de una de las mayores tragedias de la historia de América. Según las cifras de ACNUR hay 5,6 millones de personas migrantes forzadas y refugiadas venezolanas. Y a fecha de junio se tenía constancia de 2.662.225 permisos de residencia y de estancia regular concedidos a venezolanos en diversos países. A 31 de diciembre de 2020, había 850.818 venezolanos que esperaban respuesta a sus solicitudes de reconocimiento de su condición de refugiado, mientras que ya se habían concedido 171.793. Lo que significa que hay tres millones de personas “ilegales” o “irregulares” que han salido de Venezuela, con el riesgo que conlleva para sus derechos en los lugares a los que han llegado. La Conferencia Internacional de mañana buscará dar respuesta a este drama que no parece tener un fin cercano.

Varias organizaciones de la Compañía de Jesús y la Red Clamor, la red eclesial latinoamericana que quiere ser voz de todos los emigrantes del continente, han elaborado un documento que recoge 20 recomendaciones a la comunidad internacional para que no se olvide de estos 5,6 millones de personas migrantes forzadas y refugiadas venezolanas. Son recomendaciones que nacen de su experiencia de acompañamiento, defensa y promoción de los derechos de todas estas personas. Insisten en una salida democrática y pacífica a la crisis, ya que mientras persista la causa, migrar seguirá siendo para muchos venezolanos la única salida para salvaguardar su vida, e instan a que los Estados adopten la recomendación de ACNUR y reconozcan que la población venezolana se encuentra necesitada de protección internacional.

Las recomendaciones de la Red Clamor y de las instituciones jesuitas se articulan en cuatro bloques: el primero es el reconocimiento de la realidad migratoria que está teniendo lugar, para así brindar asistencia humanitaria tanto a la población que se encuentra en Venezuela, como a los “caminantes”, que realizan su viaje a pie por el continente. El segundo bloque tiene que ver con el cierre y militarización de las fronteras con la excusa de la pandemia, algo que no tiene en cuenta que los flujos migratorios no se detienen, y animan a todos los países a poner en práctica políticas como la Operación Acogida de Brasil o el Estatuto Temporal de Protección de Colombia. El tercer bloque es el respeto de los derechos humanos que garantice a estas personas salud, educación e ingresos y medios de vida. El cuarto bloque es la financiación, una oportunidad para comprometer los recursos necesarios para alcanzar las metas y los compromisos internacionales, así como para brindar una respuesta coordinada entre los Estados y las organizaciones internacionales a un problema que afecta a tantas personas.