OMPRESS-REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO (3-11-21) El 31 de octubre de 1996, hace ya 25 años, cuatro hermanos maristas fueron asesinados en el campo de refugiados de Bugobe, en la República Democrática del Congo. El nombre de estos cuatro misioneros. Servando Mayor, Miguel Ángel Isla, Fernando de la Fuente y Julio Rodríguez. Este pasado domingo se les recordaba en la Eucaristía que se celebró en la catedral de Burgos – tres eran burgaleses y el cuarto vallisoletano.

Los cuatro hermanos maristas trabajaban desde hacía más de un año en aquel campo, ubicado en la frontera con Ruanda. Los refugiados se habían convertido en “su verdadera familia”, la preocupación de su corazón. El 31 de octubre de 1996, todos los refugiados huyeron y los misioneros se quedaron para prepararse a acoger a más gente. Aquella noche serían asesinados.

La presencia marista, en el campo de refugiados de Nyamirangwe, Bugobe, cuentan desde la congregación, databa del mes de agosto de 1994, después del terrible genocidio de los meses precedentes, lo que tristemente se conocería como el “genocidio de los Grandes Lagos”, que produjo al menos 500.000 muertos. Muchas personas de la tribu hutu huyeron, sobre todo al Congo y acabaron en los campos de refugiados. Seis hermanos maristas de etnia hutu decidieron ayudar a estas personas y fueron ellos los que pusieron en marcha esta presencia cercana a quienes llegaban huyendo del horror. El campo de Nyamirangwe acogía sobre todo a campesinos, unos 30.000, bajo la administración de la Cruz Roja. Los hermanos trabajaban en la enseñanza atendiendo a unos 4.000 alumnos, en la pastoral, en los movimientos juveniles etc. Vivían en condiciones precarias de salud, bajo la amenaza constante de ser acusados de hacer política. Sus vidas corrían peligro.

A partir de septiembre de 1995, los hermanos hutus fueron progresivamente reemplazados por Servando Mayor y Miguel Ángel Isla, primero, y, por Fernando de la Fuente y Julio Rodríguez, más adelante. En el campo, donde dominaba la miseria y la violencia, continuaron las actividades de los hermanos ruandeses, atendiendo también a los ancianos, los enfermos, la alimentación de 300 niños, el transporte sanitario… y habían puesto en marcha incluso un molino para ayudar a las familias a que tuvieran harina.

Los cuatro eran españoles, pero con una historia humana bien concreta. Y los cuatro dejaron una misión para acudir a otra misión más difícil. Servando vivía su primera experiencia misionera. Era el superior de la comunidad de Bugobe. Procedía de la Provincia de Bética donde era consejero provincial y miembro del equipo de animación pastoral. Tenía 44 años en el momento de la tragedia. Miguel Ángel había vivido 13 años en Argentina y 22 años en Costa de Marfil donde había sido superior del Distrito. Contaba 53 años. Julio había trabajado 14 años en el Congo y se había unido a la comunidad de Bugobe en mayo de 1996. Era el más joven del grupo y acababa de celebrar los 40 años cuando fue asesinado. Fernando había vivido la mayor parte de su vida en Chile donde era formador, consejero provincial, pintor y poeta. Sólo llevaba un año entre los refugiados. Era el de más edad del grupo aunque no había cumplido todavía los 53 años.

Un año antes de su muerte, el 2 de julio de 1995, el hermano Servando escribía: “En el campo de refugiados hay unos cuatro mil niños. Miles de niños vestidos, o mejor dicho, cubiertos con harapos y todos descalzos, constituye un espectáculo para nosotros inimaginado… ¿Y cómo comprender el dolor que se esconde en esos dos millones de refugiados, que no tienen encima más que el recuerdo de una tierra y una casa perdida, y la pérdida también de un millón de personas? ¿Cómo sanar la herida del odio y de la venganza después de haber vivido tanta violencia y muerte? No lo sé. Pero lo que sí es cierto es que la presencia de un Hermano marista en el campo es una luz de esperanza”.